Últimamente hemos dedicado una serie de posts a los riesgos asociados al uso de Twitter. Seguramente has observado, además, que desde hace unas semanas los medios vienen dedicando cada vez más espacio a informar sobre el fraude en redes sociales. ¿A qué se debe esta preocupación?
Parte del interés es simplemente cuestión de números: el rápido aumento de usuarios de redes sociales las ha convertido en un objetivo atractivo para delincuentes, de modo que un porcentaje considerable del fraude en internet se produce a través de las mismas.
Pero hay otra faceta del fraude en redes sociales que resulta más preocupante. Los usuarios de internet nos hemos acostumbrado a asociar los timos en internet con emails solicitando el envío de dinero, o los datos de nuestra cuenta bancaria. Hemos llegado a creer que con tal de no responder a este tipo de correos estaremos seguros.
Sin embargo, la mayoría de fraudes en redes sociales -incluyendo los repetidos ataques de phishing a Twitter en las últimas semanas- no requieren la participación del usuario, y se limitan a tratar de robar contraseñas. Aunque los usuarios no les damos demasiada importancia -al fin y al cabo, ¿qué es lo peor que podrían hacer con mi contraseña de Twitter? ¿Enviar tweets en mi nombre?-, un informe de la empresa de seguridad online Trusteer demuestra el peligro que pueden entrañar. Los datos recopilados en este informe revelan los siguiente:
Un 73% de internautas acceden con la misma contraseña a sus cuentas bancarias online y a al menos otra página de internet.
Un 50% de internautas comparten tanto el nombre de usuario como la contraseña de su cuenta bancaria con al menos otra web.
Está claro cómo estos malos hábitos pueden acarrear problemas: si nuestra contraseña de Twitter es la misma que utilizamos para acceder a nuestro banco, tarjeta de crédito, o alguna tienda online, en caso de que nos la roben nos estaremos jugando algo más que unos cuantos tweets enviados desde nuestra cuenta.
Por lo tanto, la contraseña más segura para tu cuenta Twitter no es necesariamente la más difícil de recordar -aunque evitar contraseñas demasiado obvias nunca está de más- sino, simplemente, aquélla que es específica para Twitter; que no utilizas en ninguna otra página de Internet.
Invéntate una contraseña única para Twitter, y despreocúpate de posibles ataques.