En varios posts recientes hemos hablado de los riesgos asociados al uso de Twitter, y entre ellos mencionábamos que alguien podría seguir tus tweets para asegurarse de que no estás en casa antes de entrar a robar.
En el post del lunes aludíamos a Please Rob Me (¡Róbame, por favor!), una página web con la que sus autores pretenden supuestamente llamar la atención sobre lo fácil que sería dar un uso criminal tanto a la información que, sin darnos cuenta, revelamos en nuestros tweets, como a los datos de geolocalización.
Parece que estos riesgos no han pasado desapercibidos para las compañías de seguros. Según Darren Black, director la página británica de comparación de precios de seguros Confused.com, las aseguradoras podrían empezar a supervisar el uso que sus clientes hacen de las redes sociales. “No me sorprendería” -dijo- “que se penalizase a aquéllos que revelan demasiada información, cuyas primas del seguro del hogar podrían subir hasta un 10%”.
Según Black, algunos delincuentes utilizan ya servicios como Google Earth y Streetview.com para planear robos con increíble precisión, y el próximo paso podría ser la utilización de información proveniente de redes sociales como Twitter.
Confused.com ofrece los siguientes consejos a usuarios de redes sociales:
Nunca revelar nuestra dirección u otra información personal como el número de teléfono o de DNI.
No seguir a gente que no conocemos y utilizar la opción para bloquear nuestros tweets, de modo que sólo puedan leerlos los usuarios a los que damos permiso expresamente.
Desactivar servicios que permiten la geolocalización.
Algunas de estas recomendaciones resultan un poco extremas. Poder seguir a gente que no conocemos, por ejemplo, es crucial en Twitter, puesto que nos permite contactar con personas en nuestro ámbito de trabajo o con intereses comunes a las que nunca habríamos conocido de otro modo.
Sí es importante, sin embargo, tener siempre presente que no podemos saber quién va a leer nuestros tweets, y asegurarnos de que nunca revelamos información que podría ser peligrosa en manos de un desconocido.